cuando la distopía deviene realidad

Sentados ante nuestra nueva realidad, como si de una distópica película de Netflix se tratara, contamos la gente que se infecta y contamos el número de días para volver a la normalidad robada. Pero es una cuenta atrás sin números. La luz que iluminaba nuestro mundo se ha extraviado.

Como si de un experimento sociológico se tratara, vivimos ahora recluidos protegiéndonos de un virus que ataca a los más débiles, no quiero imaginarme que hubiera sucedido con un virus mucho más mortal. Lo que ha quedado claro es que no estamos preparados. Pero la pregunta que habrá que contestarse, y muy pronto, es:

¿Queremos seguir viviendo como individuo y como sociedad de la misma manera? 

No voy hablar de los dramas personales, de todas las familias que han perdido un ser querido, no voy hablar del inexistente debate (por absurdo e inmoral) economía de muchos vs muerte de los más débiles, porque cuando Darwin hablaba de la ley de supervivencia no se refería a los más fuertes, se refería a la supervivencia de lo estable. Ahora ya sabemos cuál es la respuesta o quiero creer que la intuimos.

¿Tenemos claro qué es lo que nos define como sociedad?

Las imágenes que nos muestran los satélites de los canales de Venecia, de los cielos despejados de Pekín, o simplemente cuando confinados salimos a nuestra terraza y miramos hacia al cielo estrellado parecen limpiar algo más que nuestra vista. Imágenes de los animales deambulando por pueblos fantasmas de puertas para afuera. Ese gen egoísta del hombre que dice Richard Dawkins parece volverse generoso, el centro del universo es simplemente el universo. Con las industrias paradas, toda la propaganda y el marketing de la sociedad líquida se vuelve estéril. Vemos la conversión de dejar la producción del Seat León para salvar vidas fabricando respiradores. Es una paradoja tremenda. Antes un tubo de emisión de C02 y ahora es un tubo de emisión de O2. Este virus es como el viento que ha levantado el polvo de los poros de la tierra.

La naturaleza solo se rinde una vez que ha ganado la batalla.

Un virus de transmisión más rápida que la red 5G ha golpeado a todos los países sin excepción (aunque algunos como Suecia, Holanda o Japón hayan optado por lo que se llama la solución silenciosa). Como reza la profética película y más fiel versión científica  sobre una pandemia mundial, Contagio (2011) de Steven Soderbergh, nada se expande como el miedo. 

Hemos pasado de las imágenes del Black Friday, multitudes a las puertas esperando por un LCD de 60″ a las de Black Mirror, gente distanciada a dos metros de distancia haciendo largas colas con mascarillas y guantes para entrar en un supermercado. Mi reino por un rollo de papel higiénico. El giro de tuerca es brutal y no necesitas ni pararte a pensarlo. Es nuestra nueva rutina y por muy temporal que sea, tengo la impresión que nada volverá a ser lo mismo. Cada día estoy más convencido de ello.

Me decía el otro día una bióloga: ¿qué hubiera pasado con otro tipo de pandemia mucho más mortal?. La respuesta es obvia, ahora ya lo sabemos. Pero llegados hasta aquí no quisiera que la respuesta fuera solo científica o de protocolos mundiales sobre la salud, gobierno etc. Es como esas películas donde el virus es solo el MacGuffin, es solo la excusa argumental de la historia donde hay tantos temas por debatir como espectadores, solo que en esta trama todos somos protagonistas.

la-gelosia-della-leadership

Nuestra sociedad se ha basado en el mercantilismo, el imperialismo y en un capitalismo tan salvaje, que ha fagocitado (EEUU es el ejemplo perfecto) los derechos sociales ganados con tanta reivindicación y largas marchas de masas cansadas de tanta desigualdad. La brecha entre los que más tienen y los que casi nada tienen es tan enorme como el agujero de la capa de ozono, como los glaciares derritiéndose. Pingüinos desorientados buscando su lugar. Nosotros también. Desorientados, marchamos en nuestro mundo tecnificado y consumista. Como diría Werner Herzog, documentalista del alma humana:

Todos los pájaros están callados, la lluvia tiene ahora la palabra. 

 

2 comentarios sobre “cuando la distopía deviene realidad

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  1. actualidad omnipresente

    me gusta esta manera de reflexionar sobre la realidad de nuestros días a base de metáforas, la de nuestra marca de coches y orgullo nacional es especialmente brillante

    por otro lado y, siguiendo el hilo de las teorías Darwinianas, me gustaría puntualizar que el autor señalaba a aquellas especies que sobrevivían, como las que tenían más capacidad de adaptarse al cambio, dejando de lado su inteligencia o posición el la escala trófica: es aquí donde la especie humana es donde demuestra especialmente su torpeza, representada por algunos líderes mundiales que parecen no advertir todavía que esta batalla no saben cómo se juega

  2. El conocimiento y las habilidades requeridas para dominar cualquier esfuerzo solo ocurren cuando nos enfocamos en lo que estamos haciendo actualmente. Esta es la definicion de presencia, y solo cuando operamos en el presente se produce la verdadera creatividad, el crecimiento y la innovacion. El problema de estar presente es que muchos lideres confunden esto con tener que hacer todo ellos mismos. ?Alguna vez hemos interactuado con alguien que trata con el silencio saltando y llenando el vacio de conversacion? Esto mismo ocurre con las personas que intentan llenar cada espacio abierto en el calendario con actividades, provocando quiza “un gran error”.

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